domingo, 31 de diciembre de 2017

Talento deportivo

En los últimos años, los programas de talento deportivo (TID) han crecido en popularidad y se consideran vías críticas para maximizar el potencial de los atletas para alcanzar el éxito (Anshel y Lidor, 2012; Vaeyens, Güllich, Warr y Renaat, 2009). Se ha sugerido que un programa TID efectivo tiene el potencial de detectar el talento temprano, lo que puede actuar como un componente vital para aumentar las posibilidades de éxito deportivo de una nación (Vaeyens y cols., 2009). Asimismo, Anshel y Lidor (2012) sugirieron que los programas de TID facilitan el proceso de selección de atletas mediante el uso de procesos basados en la evidencia que se pueden refinar a través de la retroalimentación y la evaluación del sistema. Sin embargo, a pesar de las ventajas potenciales de los programas TID, sigue habiendo una discrepancia entre lo que se propone en la investigación y lo que se observa en la práctica (Pankhurst, Collins y MacNamara, 2013).

De hecho, muchas de las cualidades que distinguen el rendimiento atlético superior en adultos pueden no ser aparentes hasta la adolescencia tardía (Pearson, Naughton y Torode, 2006; Vaeyens, Lenoir y Williams, 2008), y el rendimiento inicial no está fuertemente asociado con el éxito posterior (Barreiros, Côté y Fonseca, 2014). Finalmente, es importante destacar que, debido a que la edad cronológica y la madurez biológica rara vez progresan a la misma velocidad, los niños pueden ser ayudados u obstaculizados en las pruebas de rendimiento por su madurez biológica, especialmente cuando se compara con las normas de edad cronológica (Malina, Coelho-Silva, Figueiredo, Carling y Beunen, 2012; Matthysy cols., 2013).

De cara a los estudios realizados sobre el TID, tan solo algunas variables se han visto consistentes entre estudios, como son el sprint y la agilidad (Johnston, Wattie, Schorer y Baker, 2017). Además, de cara a la investigación, Baker, Hodges y Wilson (2012) ponen la atención sobre las ventajas de utilizar diseños longitudinales para ayudar a determinar los factores que influyen en el desarrollo de habilidades.

Asimismo, conviene destacar que sabemos muy poco sobre los predictores del talento en el deporte de élite, sabemos aún menos sobre la predicción del talento en atletas femeninas y tampoco sobre la gran mayoría de deportes (Johnston y cols., 2017). Otro hecho importante es el bajo número de estudios realizados en menores de 10 años, por lo que la falta de investigación en dicho grupo de edad sugiere que los TID no deberían emplearse en este grupo poblacional (Bloom, 1985).
Finalmente, los investigadores también han propuesto la necesidad de un modelo que sea más representativo de las demandas de rendimiento, como el modelo de dinámica ecológica, que pone énfasis en las interacciones del individuo en su entorno donde las intenciones, percepciones y acciones están interconectadas en lugar de tratados como entidades separadas (Davids, Araújo, Vilar, Renshaw y Pinder, 2013; Pinder, Davids, Renshaw y Araújo, 2011).

Referencias:

Johnston, K., Wattie, N., Schorer, J., y Baker, J. (2017). Talent identification in sport: a systematic review. Sports Medicine, doi: 10.1007/s40279-017-0803-2.

Vaeyens, R., Güllich, A., Warr, C. R., y Philippaerts, R. M. (2009). Talent identification and promotion programmes of Olympic athletes. Journal of Sports Sciences, 27(13),1367–1380, doi: 10.1080/02640410903110974.

Anshel, M., y Lidor, R. (2012). Talent detection programs in sport: the questionable use of psychological measures. Journal of Sport Behaviour, 3(25), 239–266.

Pankhurst, A., Collins, D., y MacNamara, Á. (2013). Talent development: linking the stakeholders to the process. Journal of Sports Sciences, 31(4), 370–380.

Pearson, D. T., Naughton, G.A., y Torode, M. (2006). Predictability of physiological testing and the role of maturation in talent identification for adolescent team sports. Journal of Science and Medicine in Sport, 9(4), 277–287, doi: 10.1016/j.jsams.2006.05.020.

Vaeyens, R., Lenoir, M., Williams, M., y Philippaerts, R. M. (2008) Talent identification and development programmes in sport current models and future directions. Sports Medicine, 35(9), 703–714, doi: 10.2165/00007256-200838090-00001.

Barreiros, A., Côté, J., y Fonseca, A.M. (2014). From early to adult sport success: analysing athletes’ progression in national squads. European Journal of Sports Sciences, 14(1), 178–182.

Malina, R.M., Coelho-Silva, M.J., Figueiredo, A.J., Carling, C., y Beunen, G. P. (2012). Interrelationships among invasive and non-invasive indicators of biological maturation in adolescent male soccer players. Journal of Sports Sciences, 30(15), 1705–1717, doi: 10.1080/02640414.2011.639382.

Matthys, S.P., Vaeyens, R., … y Philippaerts, R. M. (2013). A longitudinal study of multidimensional performance characteristics related to physical capacities in youth handball. Journal of Sports Sciences, 31(3), 325–334, doi: 10.1080/02640414.2012.733819.

Baker, J., Hodges, N. J., y Wilson, M. (2006). Collecting and assessing practice activity data: concurrent and retrospective approaches. En: Ericsson KA, Hoffman R, Kozbelt A, et al., editors. The Cambridge handbook of expertise and expert performance. Cambridge: Cambridge University Press.

Bloom, B.S. (1985). Developing talent in young people. Nueva York: Ballantine Books.

Davids, K., Araújo, D., Vilar, L., Renshaw, I., y Pinder, R. (2013). An ecological dynamics approach to skill acquisition: implications for development of talent in sport. Talent Development & Excellence, 5(1), 21–34.

Pinder, R. A., Davids, K. W., Renshaw, I., y Araújo, D. (2011). Representative learning design and functionality of research and practice in sport. Journal of Sport and Exercise Psychology, 33(1), 146–155, 10.1123/jsep.33.1.146.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes (II)

Planificación del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes

El entrenamiento de fuerza en niños es algo que ha ido variando a lo largo del tiempo, pasando de los primeros estudios que no lo recomendaban hasta los datos que hoy en día que recomiendan su aplicación tan pronto como sea posible. Gracias a este entrenamiento, se ha visto que el entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes de entre seis y dieciocho años logra mejoras en la fuerza muscular, la potencia, la velocidad de carrera, la velocidad de golpeo, la resistencia, el desarrollo motor general y la prevención de lesiones (Zwolski, Quatman-Yates y Paterno, 2017).

Fruto de toda esta investigación, se ha llegado al modelo de desarrollo a largo plazo para todos los jóvenes elaborado por Lloyd y cols. (2015), el cual se muestra a continuación:


Figura 5a. Modelo de desarrollo físico para hombres (Lloyd y cols., 2015).



Figura 5b. Modelo de desarrollo físico para mujeres (Lloyd y cols., 2015).


Este modelo se basa en el desarrollo tanto a nivel de salud como deportivo para todos los jóvenes deportistas, incluyendo en el mismo tanto el desarrollo técnico básico, como el del deporte específico, como de las distintas cualidades básicas.

No obstante, para ello se basan primeramente en el modelo de Côté y Vierima (2014, citado en Lloyd y cols., 2015) (Figura 6), en el cual se muestran los posibles resultados según el tipo de entrenamiento.

Asimismo, previamente a desarrollar el modelo mostrado en la Figura 5a y Figura 5b, es necesario que los jóvenes deportistas puedan realizar correctamente los diferentes componentes del desarrollo de competencias atléticas de habilidades motoras, el cual se muestra en la Figura 7 (Lloyd y Oliver, 2014). Dichas competencias se logran mediante un programa de entrenamiento individualizado en el cual se busca la eficacia en cada una de estas habilidades para alcanzar una técnica de ejecución adecuada.


Figura 6. Modelos de desarrollo de la práctica deportiva (Côté y Vierima (2014, citado en Lloyd y cols., 2015).



Figura 7. Componentes del desarrollo de competencias atléticas de habilidades motoras (Lloyd y Oliver, 2014).


A continuación, pasaremos a explicar el modelo de desarrollo físico de jóvenes mostrado en la Figura 5a y Figura 5b. Lo primero a tener en cuenta de cara a entender este cuadro es la organización de las distintas categorías en base a la edad cronológica, pero de cara a un mayor entendimiento para, posteriormente, mostrar que los cambios importantes se producen con el pico de velocidad de crecimiento (PHV, por sus siglas en inglés) debido a los cambios que producen en el organismo tanto de chicos como de chicas (conviene tener en cuenta que las chicas maduran más rápidamente que los chicos de cara a una correcta planificación). Dichos cambios consisten en un aumento en la concentración de andrógenos, una mayor diferenciación de las fibras, un aumento del adenosín trifosfato en reposo, un aumento de los niveles de creatín-fostato y al desarrollo de la arquitectura de los tendones (Myer, Faigenbaum, Ford, Best, Bergeron y Hewett, 2011). Sin embargo, conviene saber en qué fase de desarrollo se encuentran nuestros deportistas para poder planificar, evaluar y controlar correctamente el programa de entrenamiento y, para ello, contamos con los algoritmos desarrollados por Sheppard y Young (2006), que son los siguientes:


Figura 8. Algoritmos para calcular el PHV (Sheppard y Young, 2006).


No obstante, estas fórmulas tienen un error de seis meses, por lo que es recomendable una mayor investigación para lograr aumentar la precisión de cara a una mayor optimización del proceso de entrenamiento.

Tras ello, ya podemos pasar a las diferentes capacidades a desarrollar. Tal y como se observa en el primer apartado, las habilidades motoras fundamentales (FMS, por sus siglas en inglés) muestran un gran protagonismo en las fases iniciales que progresivamente va perdiendo; lo cual se debe a que es el momento de adquirir la técnica necesaria y posteriormente de perfeccionarla y mantenerla. Dichas FMS son las mostradas en la Figura 7.

Respecto a las habilidades específicas del deporte (SSS, por sus siglas en inglés), se muestra el camino inverso debido a la especialización en el deporte, la cual no debe ser temprana para procurar un buen desarrollo de los futbolistas. De hecho, Bompa (2003) sugiere que la especialización en el fútbol comience entre los once y trece años. De hecho, los investigadores han encontrado que aquellos que se especializan pronto en el deporte tienen un mayor riesgo de sobreentrenamiento, lesiones por sobreuso y de sufrir el fenómeno psicológico del burn-out (American Academy of Pediatrics, 2000; DiFiori, 2010; Hall, Barber Foss, Hewett y Myer, 2015).

Tras ello encontramos el apartado movilidad, el cual hace referencia también a la flexibilidad, el cual tiene cierta importancia en todo momento y aumenta ligeramente su protagonismo en los años previos al PHV. Respecto al trabajo de velocidad, potencia y agilidad, observamos que mantienen una importancia similar, si bien la potencia adquiere mayor importancia al llegar a la fase adulta. Por lo que respecta a la resistencia, esta aumenta su importancia conforme los deportistas van madurando y creciendo debido al desarrollo de estas vías energéticas.

En cuanto a la planificación, va cogiendo mayor importancia conforme se va progresando, si bien es indispensable que sea individualizada y optimizada para cada sujeto.

Finalmente, encontramos la importancia del tema en cuestión, el trabajo de fuerza, el cual se divide en fuerza máxima e hipertrofia. En primer lugar, conviene recordar todos los beneficios del entrenamiento de fuerza, los cuales hemos mencionado anteriormente gracias al trabajo de Zwolski y cols., 2017. De esta forma, observamos una importancia capital de la fuerza máxima a lo largo de todo el proceso de entrenamiento de los deportistas de cara a conseguir unos buenos niveles tanto de salud como de rendimiento. Respecto a la hipertrofia, esta cualidad adquiere importancia tras el PHV debido a los cambios que se producen y que ya hemos comentado anteriormente.

A continuación, se muestran varios ejemplos de planificación del entrenamiento de fuerza en jóvenes deportistas:


Figura 9. Ejemplo de sesión de cuerpo completo de acondicionamiento para un niño de ocho años sin experiencia de entrenamiento (Lloyd y Oliver, 2014).



Figura 10. Ejemplo de sesión de cuerpo completo de acondicionamiento para un joven de diecisiete años con ocho años de experiencia de entrenamiento (Lloyd y Oliver, 2014).

Bibliografía

American Academy of Pediatrics (2000). Committee on Sports Medicine and Fitness. Intensive training and sports specialization in young athletes. Pediatrics, 106, 154–157.

DiFiori, JP. (2010). Evaluation of overuse injuries in children and adolescents. Current Sports Medicine Reports, 9, 372–378.

Gómez-Bruton, A., Matute-Llorente, A., González-Agüero, A., Casajús, J.A. y Vicente-Rodríguez, G. (2017). Plyometric exercise and bone health in children and adolescents: a systematic review. World Journal of Pediatrics, 1. doi:10.1007/s12519-016-0076-0.

González-Badillo, J.J., Sánchez-Medina, L., Pareja-Blanco, F., y Rodríguez-Rosell, D. (2017). La velocidad de ejecución como referencia para la programación, control y evaluación del entrenamiento de fuerza. Madrid: Ergotech.

González-Badillo, J.J., y Ribas-Serna, J. (2014). Bases de la programación del entrenamiento de fuerza (2ª edición). Barcelona: Editorial INDE.

Hall, R., Barber Foss, K.B., Hewett, T.E., y Myer, G.D. (2015). Sports specialization is associated with an increased risk of developing patellofemoral pain in adolescent female athletes. Journal of Sports Rehabilitation, 24, 31–35.

Jayanthi, N.A., LaBella, C.R., Fischer, D., Pasulka, J., y Dugas, L.R. (2015). Sports-specialized intensive training and the risk of injury in young athletes: a clinical case-control study. American Journal of Sports Medicine, 43, 794–801.

Jiménez-Reyes P., Samozino P., Brughelli M., y Morin J.B. (2017). Effectiveness of an individualized training based on force-velocity profiling during jumping. Frontiers in Physiology, 7(7), 677.

Lauersen, J.B., Bertelsen, D.M., y Andersen, L.B. (2014). The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. British Journal of Sports Medicine, 48(871–877).

Lloyd, R.S., Oliver, J.L., Faigenbaum, A.D., Howard, R., De Ste Croix, M.B., Williams, C.A., … Myer, G.D. (2015). Long-term Athletic development- Part 1: a pathway for all youth. The Journal of Strength and Conditioning Research, 29(5), 1451–1464.

Lloyd, R.S., y Oliver J.L. (2014). Developing younger athletes. En: D. Joyce y D. Lewindon, ed., High-Performance training for sports. Champaign: Human Kinetics, p.20.

Morin J.-B. & Samozino P. (2016). Interpreting Power-Force-Velocity Profiles for individualized and specific training. International Journal of Sports Physiology and Performance, 11, 267–272.

Myer, G.D., Faigenbaum, A.D., Ford, K.R., Best, T.M., Bergeron, M.F., y Hewett, T.E. (2011). When to initiate integrative neuromuscular training to reduce sport-related injuries and enhance health in youth. Current Sports Medicine Reports, 10(3), 157–166. doi: 10.1249/JSR.0b013e31821b1442.

Platonov, V.N. (2001). Teoría general del entrenamiento deportivo olímpico. Barcelona: Human Kinetics.

Samozino P., Edouard P., Sangnier S., Brughelli M., Gimenez P., y Morin J.B. (2014). Force-velocity profile: imbalance determination and effect on lower limb ballistic performance. International Journal of Sports Medicine, 35, 505–510.

Samozino P., Rejc E., Di Prampero P.E., Belli A., y Morin J.B. (2012). Optimal forcé-velocity profile in ballistic movements-altius: citius or fortius? Medicine and Science in Sports & Exercise, 44, 313-322.

Schoenfeld, B. (2016). Science and development of muscle hypertrophy. Champaign: Human Kinetics.

Sheppard, J.M., y W. Young (2006). Agility literature review: Classifications, training and testing. Journal of Sport Sciences, 24(9), 919-932.

Sporis, G., Jukic, I., Ostojic, S. M., & Milanovic, D. (2009). Fitness profiling in soccer: physical and physiologic characteristics of elite players. The Journal of Strength and Conditioning Research, 23(7), 1947–1953. doi: 10.1519/JSC.0b013e3181b3e141.

Tous-Fajardo, J. (2007). Entrenamiento de la fuerza en los deportes colectivos. Máster profesional en alto rendimiento en deportes de equipo. Barcelona: Mastercede.

Zwolski, C., Quatman-Yates, C., y Paterno, M.V. (2017). Resistance Training in Youth: Laying the Foundation for Injury Prevention and Physical Literacy. Sports Health, 9(5), 436–443. doi: 10.1177/1941738117704153.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes (I)

Introducción

La fuerza es la capacidad para vencer o contrarrestar una resistencia mediante la actividad muscular (Platonov, 2011). Asimismo, se trata, según Tous (2007) y González-Badillo y Ribas-Serna (2014), de la única cualidad física de la cual derivan las demás, es decir, la resistencia y la velocidad y estableciendo como cualidades físicas facilitadoras la coordinación y la flexibilidad.


Figura 1. Estructuración de las características físicas entorno a la fuerza como capacidad física fundamental (Tous-Fajardo, 2007).

Por tanto, se trata de una cualidad que debe ser completamente interpretada en sus diferentes manifestaciones para una correcta aplicación de cara a lograr unos niveles óptimos ya sea para salud o rendimiento.

Asimismo, siguiendo lo que dicen González-Badillo y Ribas-Serna (2014), tan solo existe una cualidad de la fuerza, la cual es la fuerza máxima, y no solo existe una fuerza máxima, sino infinitas fuerzas máximas para cada uno de los pesos que puede mover cada atleta. De este modo, los mismos autores extraen el término de fuerza útil, que es la fuerza que el deportista tiene que aplicar en su deporte.

Asimismo, cada porcentaje de fuerza lleva asociada una velocidad (González-Badillo, Sánchez-Medina, Pareja-Galeano y Rodríguez-Rosell, 2017), motivo por el cual el principal objetivo es la mejora de los niveles de fuerza para poder aplicar una mayor velocidad ante un mismo peso.


Figura 2. Velocidad media propulsiva con cada porcentaje de la RM en cuatro ejercicios con velocidades de la 1RM diferentes (González-Badillo y cols., 2017).

En nuestro caso, dicha fuerza útil es la que se aplica sobre el propio peso corporal y sobre el peso del balón principalmente, motivo por el cual el objetivo es lograr aplicar la mayor cantidad de velocidad ante dichos pesos, es decir, mejorar la fuerza máxima de los futbolistas.

Asimismo, también se ha visto ampliamente que el entrenamiento de fuerza posee grandes atributos de cara a la prevención de lesiones (Tous-Fajardo, 2007).

De este modo, a lo largo del trabajo trataremos las necesidades de fuerza en el fútbol para un correcto entrenamiento de la misma, cómo planificar dicho proceso y cómo usar el entrenamiento de fuerza para prevenir lesiones.

Necesidades de la fuerza en el fútbol

El entrenamiento de fuerza en el fútbol no adquiere la importancia que poseen otros deportes como, por ejemplo, la halterofilia, el balonmano o las carreras cortas de velocidad (González-Badillo y cols., 2017); pero sí que posee una gran importancia en el proceso de entrenamiento de cara a un rendimiento óptimo en diferentes acciones tales como los cambios de dirección, los saltos, los golpeos, la carrera o la prevención de lesiones, entre otros. De este modo, González-Badillo y cols. (2017) catalogan las necesidades de fuerza del fútbol como medias-bajas, englobándolas en el que designa como grupo D junto a otros deportes como son el baloncesto, el hockey hierba y el tenis.


Figura 3. Evolución de las cargas mínimas y máximas del último ciclo de cada etapa (González-Badillo y cols., 2017).

Así pues, observamos que, para llegar a los niveles óptimos de fuerza, no es necesario emplear grandes cargas a lo largo del proceso de entrenamiento, llegando al 80-83% del 1RM cuando el deportista ya tiene experiencia en el entrenamiento de fuerza. Asimismo, si calculamos el nivel de fatiga mediante la pérdida de velocidad respecto a la primera repetición, observamos como este tiene que ser igual o inferior al 15% de cara a unas ganancias óptimas de niveles de fuerza tal y como citan los mismos autores a lo largo del libro; eso sí, para ejercicios de miembros superiores debe ampliarse ese margen hasta un máximo de un 5-10% más de pérdida de velocidad.

Finalmente y yendo a los niveles vistos en partido, observamos que los deportistas poseen una altura de salto en CMJ de 45,3cm en el caso de los jugadores de campo y de 48,5cm en el caso de los porteros y, en el caso de la velocidad, los delanteros son los más rápidos promediando 1,39s en el esprint de 5m, 2,03s en el de 10m y 3,28s en el de 20m (Sporis, Jukic, Ostojic y Milanovic, 2009). No obstante, conviene tener en cuenta que estos datos pertenecen a la primera división croata, pudiendo variar los resultados en otras ligas. Los resultados completos se encuentran en la siguiente tabla:


Figura 4. características fisiológicas y psicológicas de los jugadores de fútbol croatas de élite (Sporis y cols., 2009).

domingo, 10 de diciembre de 2017

El salto en contramovimiento (CMJ) como test (II)

¿Cómo medirlo?

Para medir un salto en contramovimiento, encontramos principalmente tres métodos, los cuales son los siguientes:

Plataformas de saltos: se trata de plataformas en las cuales se realiza el salto y que pueden medir diferentes variables mediante un software específico a partir de los datos recolectados por el hardware. Asimismo, “son las que aportan los datos más precisos” (Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes, 2014).


Plataformas de infrarrojos: son las más empleadas en los test de campo debido a que las plataformas de salto tienen un coste elevado y a que poseen una escasa portabilidad. Este sistema calcula la altura del salto “mediante la medición del tiempo que el atleta permanece en el aire, y consisten en dos “bastones”
conectados entre sí que emiten una señal infrarroja de uno a otro”. La precisión de este sistema es de un milisegundo.

Cámaras de alta velocidad: se trata del análisis del salto a partir de la grabación del salto mediante una cámara de alta velocidad (AV). Posteriormente, se calcula el tiempo equivalente a cada frame y se contabiliza el número de frames o imágenes que el atleta se encuentra en el aire. Posteriormente, se deben emplear fórmulas para calcular las demás variables, tal y como ocurre con las plataformas de infrarrojos. Un ejemplo se encuentra en el estudio de Balsalobre-Fernández y cols. (2014), en el cual validan la aplicación HSC-Kinovea para tratar los datos almacenados por las cámaras AV.
Finalmente, ahora también es posible el análisis del CMJ mediante una aplicación móvil. Dicha aplicación se denomina My Jump 2 – Mide tu salto y está disponible en la AppStore de Apple tanto para dispositivos iPhone como iPad que disponen de cámara AV. Esta aplicación se encuentra validada científicamente en el estudio realizado por Balsalobre-Fernández y Glaister (2015), encontrando la siguiente correlación:



Gráfico 1. Validez concurrente entre la plataforma de saltos y My Jump 2 (Balsalobre-Fernández y Glaister, 2015).


Para concluir este apartado, cabe señalar dos aspectos:


El primero consiste en que, excepto en el último caso, es necesario un ordenador para tratar la información recabada por los instrumentos, en el cual se instalará el software específico.


El segundo engloba tanto a la aplicación móvil como a las cámaras de alta velocidad (en la que se basa la anterior) y la plataforma de infrarrojos. El aspecto consiste en que “la ecuación para el cálculo de la altura del salto emplea el tiempo al cuadrado, lo cual significa que el error en la medida se incrementa conforme aumenta el tiempo de vuelo” (Balsalobre-Fernández y cols., 2014). 

Valores normativos

Por lo que respecta a los valores normativos, podemos encontrar escalas tanto para deportistas como para la salud y la calidad de vida.

Respecto a la calidad de vida, se
encuentran tablas con los valores medios para los grupos de población comprendidos entre los diez y los sesenta y nueve años de edad.

Asimismo, estos datos se encuentran divididos en dos tablas de dos estudios diferentes. En el primero, se estipulan los valores normativos para jóvenes de entre diez y quince años, mostrándose tan solo los valores normativos. En el segundo caso, encontramos el resto de grupos de edad agrupados de diez en diez años, excepto el primer grupo, que engloba desde los quince hasta los diecinueve. Además, en esta segunda tabla se muestran los percentiles, motivo por el cual se puede saber con mayor exactitud en qué percentil se localiza cada persona de cara a saber la necesidad de mejorar su salto en contramovimiento, si fuera el caso. Además, encontramos los grupos poblacionales divididos por el sexo. Para finalizar, en esta segunda tabla no se muestra el pico de potencia, motivo por el cual tan solo lo podemos calcular con la altura (en centímetros), cuando en el primero se puede comprobar con ambos métodos.


Tabla 1. Valores normativos de 10 a 15 años de edad (Taylor y cols., 2010).




Tabla 2. Valores normativos a partir de 15 años de edad (Payne y cols., 2000).

Propuesta de intervención

Una propuesta de intervención de cara a reducir el riesgo de lesión en el ligamento cruzado anterior se puede encontrar en el estudio de Vescovi y VanHeest (2010) realizado en jugadoras adolescentes de fútbol. El programa consistió en implementar el Programa Santa Mónica para la prevención de lesiones y la mejora del rendimiento, consistente en un calentamiento, estiramientos, fortalecimiento, pliometría y agilidad según Mandelbaum (como se cita en Vescovi y VanHeest, 2010). Las conclusiones del programa fueron que tiene un pequeño efecto en la mejora del esprint, que puede atenuar la pérdida del CMJ y que no proporciona ningún beneficio en la mejora de los cambios de dirección.

Otro plan de prevención de lesiones es el que desarrolló el equipo de de Hoyo, Pozzo, Sañudo, Carrasco, Gonzalo-Skok, Domínguez-Cobo y Morán Camacho (2015) mediante el entrenamiento de sobrecarga excéntrica. Los test empleados para comprobar la mejora fueron el CMJ y los esprints de 10m y 20m. Los resultados del estudio fueron la mejora del CMJ, del esprint de 20m y de la fase de 10 a 20m del mismo, no observándose mejoras significativas en el esprint de 10m.


De este modo, se puede concluir que el entrenamiento de sobrecarga excéntrica es una buena medida para la prevención de lesiones.


Asimismo, la presencia de desequilibrios musculares contribuye a una mayor incidencia de lesiones, motivo por el cual la mejora de este factor es clave por dos motivos: el expuesto del mayor riesgo de lesión y el de corregir el propio desequilibrio. Ello se puede lograr mediante programas compensatorios para reducir la diferencia de fuerzas entre ambos miembros o sobre la musculatura agonista y antagonista.


No obstante, antes conviene tener en cuenta que se debe realizar un diagnóstico y una evaluación en la cual tener en cuenta posibles acortamientos de cara a que el proceso de entrenamiento que se vaya a abordar se pueda realizar satisfactoriamente y, además, con un bajo riesgo de lesión, asegurando así la mejora de la calidad de vida del paciente. Para ello, se pueden realizar una serie de test como el Thomas Test y el test de dorsiflexión de tobillo o Lunge Test.


En el Thomas Test se comprueba la flexión de cadera para comprobar si existe algún acortamiento en el psoas ilíaco. Para ello, se debe colocar al paciente en posición decúbito supino en una camilla o superficie similar y, posteriormente, flexionar una de las caderas (Gross y cols., 2009). Si al realizar la flexión de cadera, la otra también se flexiona, el resultado es positivo y ello resultará en un acortamiento de dicho músculo. Por el contrario, si no se produce flexión de la otra cadera, el resultado será negativo y no existirá acortamiento alguno.


Imagen 2. Resultado negativo (normal) y positivo (abnormal) en el Thomas test (Gross y cols., 2009).


Por lo que respecta al test de dorsiflexión de tobillo, el principal agonista es el tibial anterior (Gross y cols., 2009). En él, se comprueba la flexibilidad dorsal de dicha articulación. Un resultado positivo en este test muestra una escasez de la misma y aumenta considerablemente la posibilidad de sufrir tendinopatía rotualiana, además de imposibilitar una buena técnica de sentadilla. Para comprobar la flexibilidad dorsal del tobillo, se puede emplear el Test de Lunge de Bennell y cols. (1998). En él, un resultado positivo será la dorsiflexión menor de 10cm, mientras que un resultado negativo corresponderá a una dorsiflexión de tobillo mayor a 10cm. Dicha dorsiflexión deber La realización del test es la mostrada en la siguiente imagen:


Imagen 3. Resultado positivo en el Lunge Test. Elaboración propia.



Imagen 4. Resultado negativo en el Lunge Test. Elaboración propia.


Por último, en un programa de acondicionamiento físico, es conveniente elegir correctamente los ejercicios. De hecho, se ha comprobado que para incrementar la altura en el CMJ (si ese es el objetivo debido a no llegar al valor normativo mínimo), la sentadilla logra incrementar este valor en detrimento del ejercicio en prensa, pese a que ambos logran aumentar el 1RM en la misma proporción (Wirth y cols., 2016).


Tabla 3. Comparación de la altura en cm en el Squat Jump (SJ) y CMJ (Wirth y cols., 2016).


Artículos que utilizan el test

Respecto a los artículos que emplean el testo, podemos encontrar varios de ellos en la base de datos Pubmed, buscando en la sección de artículos con las palabras clave (en inglés) “salto en contramovimiento” y “asimetría” para observar métodos en los cuales se emplea este sistema para evaluar la asimetría de ambos miembros inferiores.

Uno de los estudios que se encuentra empleando estas palabras clave es el de Benjanuvatra, Brendan, Jacqueline, Alderson y Blanksby (2013), donde evalúan el CMJ con una pierna y bilateral. De este modo, los autores encuentran que el 45% de los participantes generó mayor un mayor impulso con la pierna derecha y solo un 17% con la izquierda. No obstante, en el CMJ con una pierna, donde el 48% no presentó asimetrías significativas.


También se encuentran otros estudios como el de Impellizeri y cols. (2007) en jugadores de fútbol en el cual se observa una asimetría de un 6,18% o el de Menzel y cols. (2013), que hace el estudio sobre el mismo deporte, pero esta vez sobre los guardametas, observándose una asimetría del 5,58%, siendo algo mejor que en los jugadores de campo del estudio de Impellizeri y cols. (2007).

Referencias

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domingo, 3 de diciembre de 2017

El salto en contramovimiento (CMJ) como test (I)

Introducción


El salto en contramovimiento (CMJ en adelante, por sus siglas en inglés), es uno de los test pertenecientes a la batería de saltos verticales del Test de Bosco, en el cual se hayan también el Squat Jump (SJ) y el Drop Jump (DJ).


Concretando ya en el test del CMJ, su objetivo es el de valorar las características morfohistológicas (tipos de fibra muscular), funcionales (alturas y potencias mecánicas de salto) y neuromusculares (aprovechamiento de la energía elástica, reflejo miotático y resistencia a la fatiga) de la musculatura extensora de los miembros inferiores a partir de las alturas obtenidas en los distintos tipos de saltos verticales (Bosco y cols., 1983). En suma, este test se centra en el ciclo de estiramiento-acortamiento (CEA), el cual consiste en que una contracción concéntrica precedida de una excéntrica puede generar mayores niveles de fuerza que una contracción concéntrica aislada.


Asimismo, este trabajo se centrará en observar desequilibrios musculares y riesgos de lesión por medio de la utilización de este test, aunque también ahondará en otros aspectos.


Para finalizar este apartado, Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes (2014) afirman que “sin duda, el más versátil, fiable y aplicable al mundo del rendimiento deportivo es el Countermovement Jump (CMJ)”, refiriéndose a la comparación de este salto frente al resto de la batería de Bosco, debido a las altas correlaciones con los niveles de fuerza máxima, velocidad máxima en esprines cortos y como indicador de la fatiga (Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes, 2016).

Proceso

El proceso del CMJ se puede dividir en seis fases según Romero-Rodríguez y cols. (2011), los cuales se sintetizan en la siguiente imagen:

 
Imagen 1. Fases cinemáticas del CMJ. (Romero-Rodríguez y cols., 2011).


En cuanto a las diferentes fases, encontramos la fase de impulso descendente, en la cual se comienza desde una posición erguida con las manos en la cintura hasta una flexión de 90º de las rodillas, manteniendo la espalda lo más erguida posible. La posición de las manos en la cintura, afirman Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes (2014), se debe llevar a cabo “para evitar la influencia de los miembros inferiores en los resultados”.


Posteriormente se encuentra la fase de impulso ascendente, que se lleva a cabo inmediatamente se logra la posición B para aprovechar el CEA hasta lograr de nuevo una posición erguida, pero con una extensión plantar.


A continuación, viene la fase de vuelo, que comienza en el momento en el cual se pierde contacto con el suelo (posición B) hasta que se vuelve a contactar con el mismo (posición E). durante esta fase se mantiene la posición erguida más la extensión plantar, evitando flexionar la cadera y/o las rodillas.
Finalmente, encontramos la fase de estabilización. Dicha fase consiste en, tras contactar con el cuerpo, estabilizar el cuerpo para evitar cualquier desequilibrio o caída, amortiguando el impacto mediante una flexión de rodillas y de cadera, reduciendo el impacto que pueda ocasionarse en el raquis.

¿Qué mide?

La realización de este tipo de saltos se puede usar para numerosas aplicaciones, motivo por el cual es uno de los métodos de control y evaluación más extendido junto a que no requiere gran cantidad de material para poder evaluarse, como se verá en el siguiente apartado.


En primer lugar, este tipo de test se puede emplear para medir el grado de fatiga de un deportista. Ello se debe a que presenta estrecha relación con otras variables metabólicas (acumulación de lactato y amonio) y mecánicas (pérdida de velocidad) (Balsalobre-Fernández, 2015). Asimismo, el mismo autor afirma que “la principal ventaja de la aplicación del CMJ como indicador de fatiga […] reside en su facilidad de administración y en su inocuidad” (Balsalobre-Fernández, 2015).


Otro aspecto que es capaz de evaluar el CMJ es el poder evaluar la potencia de salto, incluyendo también el perfil de fuerza-velocidad y los niveles de fuerza. La evaluación de la curva fuerza-velocidad se debe desarrollar con ejercicios de fuerza ante cargas de diversas intensidades, modificando el peso de las mismas según el tipo de deportista (Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes, 2014). La realización, en la cual se evalúa la velocidad media propulsiva (VMP), la fuerza aplicada (N), la potencia media y máxima (W) y la RFD (Rate of Force Development, por sus siglas en inglés), se lleva a cabo mediante saltos de 2-3 repeticiones a la máxima velocidad en la fase concéntrica con al menos seis cargas distintas, debiéndose incrementar el peso en cada salto y registrando la VMP en cada uno (Balsalobre-Fernández y Jiménez-Reyes, 2014).


Asimismo, otro aspecto que se puede evaluar es la altura del salto (realizada en centímetros), el cual puede ser importante, por ejemplo, para el entrenamiento de saltos con carga, ya que no se deberán emplear cargas con las que no supere los 20cm.


Finalmente, el aspecto destacado en la introducción es la capacidad de este test de evaluar y controlar los desequilibrios musculares. Esta evaluación y/o control, dependiendo del momento en el que nos encontremos, se detalla a continuación:


La asimetría de fuerza es un aspecto importante porque puede causar alto riesgo de lesiones y afectar a la actuación deportiva Croisier y cols., Murphy y cols., y Wisloff y cols. (como se cita en Menzel y cols., 2013). Esta asimetría puede deberse a una readaptación no satisfactoria tras una lesión, al propio entrenamiento o a las demandas biomecánicas del deporte practicado (Newton y cols., 2006), provocando una modificación del gesto ténico que afectará al rendimiento y que incrementará el riesgo de lesión (Menzel y cols., 2013).


Para evaluar esta asimetría concretamente en los miembros inferiores existen diferentes métodos, entre los cuales se encuentran los test de salto (entre los que se encuentra el CMJ) y los dinamómetros isocinéticos de extensión de rodilla; asimismo, también se menciona en este mismo estudio que los métodos de diagnóstico mediante movimientos de cadena cinética cerrada (como el CMJ y demás saltos) son más fiables debido a su mayor similitud a la actuación deportiva según Augustsson y cols., Impelizzeri y cols., y Newton y cols. (como se cita en Menzel y cols., 2013). Por ello, podemos considerar el salto en contramovimiento un método fiable.


En cuanto al grado de desequilibrio, no existen valores normativos, pero diversos autores consideran relevante un desequilibrio mayor al 15% (Menzel y cols., 2013; Zahálka y cols., 2013; Petisco y cols., 2016).


El proceso a seguir para la evaluación del CMJ es el mismo que el descrito en el apartado Proceso, pero efectuándolo unilateralmente.


Finalmente, una fórmula para calcular la asimetría es la que proponen Impellizzeri y cols. (2007), la cual es la siguiente: “[(pierna dominante – pierna no dominante) /pierna dominante] * 100”; tratándose pues de sacar el porcentaje de diferencia entre una y otra.